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Guía Post-Verano del Melasma: qué hacer entre septiembre y marzo

Medicina estética10 min de lectura
Rostro de mujer con manchas de melasma en mejillas y frente

El melasma es una hipermelanosis adquirida crónica y recidivante cuyo principal desencadenante es la radiación solar: no solo UV, sino también la luz visible, especialmente la luz azul (400–500 nm), que induce pigmentación sostenida y recaídas incluso a través de ventanas o pantallas. Tras el verano la piel llega con pigmento epidérmico 'cargado', inflamación subclínica perilesional y mayor riesgo de hiperpigmentación postinflamatoria si se hacen procedimientos agresivos demasiado pronto. Por eso el abordaje se estructura en fases, no en una única intervención.

Fase 0 · Septiembre · Reset y diagnóstico (semanas 1–2)

Objetivo: enfriar la piel, mapear el melasma y planificar. La consulta de valoración incluye fotografía estandarizada, luz de Wood para diferenciar melasma epidérmico / dérmico / mixto, mMASI basal y despistaje de causas contributivas (anticonceptivos hormonales, tiroides, embarazo reciente, fármacos fotosensibilizantes). Se inicia higiene suave sin sulfatos, hidratante con ceramidas o niacinamida, y se retiran exfoliantes agresivos y retinoides potentes las dos primeras semanas si la piel llega irritada. La fotoprotección 'grado melasma' comienza desde el día 1.

Fase 1 · Fotoprotección · La base innegociable

Sin fotoprotección correcta, ningún tratamiento funciona a largo plazo. El fotoprotector debe tener SPF ≥ 50, UVA alto (PPD ≥ 20 o sello UVA europeo) y, crucialmente, cobertura frente a luz visible mediante óxido de hierro al 1–3 %, normalmente en fórmulas con color o tintadas. En un ensayo clínico a 12 semanas, el grupo SPF50 + óxido de hierro logró mejoría superior en luminosidad (L*) y calidad de vida frente a SPF50 sin color. Regla mental para la paciente: “Sin color, no cuenta”.

Fase 2 · Tratamiento tópico despigmentante (octubre–enero)

Se inicia cuando la piel ya está en fotoprotección estricta y sin signos irritativos. Todas las pautas siguen son con prescripción o formulación magistral bajo control médico.

Fase 3 · Ácido tranexámico oral: cuándo añadirlo

Para melasma moderado-severo, recidivante o refractario a tópicos, o como refuerzo antes o después de procedimientos. La pauta recomendada por la evidencia es 250 mg cada 12 horas, 8–12 semanas. Dosis mayores no aumentan eficacia y sí efectos adversos. Reducción del mMASI > 50 % en la mayoría; > 75 % en aproximadamente el 65 % de pacientes. Efectos adversos habituales: molestias gastrointestinales, alteraciones menstruales y cefalea (leves y transitorios).

Contraindicaciones absolutas o relativas que se descartan antes de prescribir: embarazo y lactancia, anticonceptivos orales o terapia hormonal sustitutiva, anticoagulantes o fotosensibilizantes concomitantes, antecedente personal o familiar de trombosis o trombofilia, alteración del dímero D, disfunción hepática, renal o cardiaca significativa, y tabaquismo intenso (valorar riesgo/beneficio individual). Analítica basal recomendada: hemograma, coagulación con dímero D, perfil hepático y renal.

Fase 4 · Procedimientos en consulta (a partir de noviembre)

Solo cuando el paciente lleva ≥ 4 semanas con fotoprotección estricta y tópicos estables, y el índice UV local está bajo. En Elche o Valencia, la ventana óptima suele ser noviembre a febrero.

Fase 5 · Mantenimiento (todo el año)

El melasma recidiva. El mantenimiento no es opcional. Fotoprotección con color todos los días, todo el año; antioxidante tópico por la mañana (vitamina C, resveratrol); rotación de despigmentantes suaves (ácido azelaico, niacinamida, ácido tranexámico tópico, retinoides suaves); revisión clínica cada 3–6 meses con fotografía comparativa; y considerar ATX oral preventivo en primavera-verano (250 mg/12 h, 8–12 semanas) en pacientes con recidivas fuertes documentadas.

Cronograma recomendado (España, clima mediterráneo)

Errores frecuentes que arruinan el resultado

Banderas rojas: cuándo revalorar diagnóstico

Consultar de nuevo si aparece cambio de color, bordes o textura de una mancha existente; una lesión pigmentada nueva asimétrica o de crecimiento rápido (descartar léntigo, melanoma); o enrojecimiento persistente con telangiectasias (considerar rosácea o melasma con componente vascular).

Bibliografía

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